Colaboraciones

Club Icaro

Con tando trajín se nos pasó incluir en la última revista el anuncio del Club Icaro.
Lo sentimos mucho, y con deseos de que nos perdonen, os dejamos aquí toda la información:

A quien madruga, Dios le ayuda

Esta vez, os dejamos con una colaboración de un compañero que prefirió permanecer en el anonimato.
Bueno, inspirado por eventos acontecidos esta mañana en la clase B-6 en la que tocaba de 9 a 11 FMT4 con Ángela Castillo, me he visto obligado a contaros una bonita anécdota sobre cuánto puede aguantar el cuerpo humano sólo para callar esa vocecita llamada conciencia.

El pasillo a las 8.45

Veréis,  hoy madrugué estúpidamente temprano y fui absurdamente pronto a nuestra querida escuela así que a lo tonto llegué a las 8 y media. Creía que estaba solo, pero cuando crucé la esquina del pasillo donde se esconde la clase B-6, me di cuenta de que no lo estaba precisamente…. La gente empezó y empezó a llegar como un rebaño de ovejas siguiendo a su líder y no tuve más remedio que inmortalizar el momento (la foto la tomé a las 8:45, como indica en el título, vaya).Cuando la amable señorita de la limpieza terminó de hacer su honrado trabajo (sólo limpió media pizarra además, WTF…) se desató el caos en el gentío: ya no éramos estudiantes en busca del conocimiento y la sabiduría (o un sueldazo), sino animales, depredadores sedientos de sangre que arrancarían brazos y piernas por un sitio en primera fila. Yo no daba crédito cuando en un grupo de chavales dice una chica: “¡Corre!, ¡coge un sitio y guarda el resto para nosotras!”, y encima el chico hizo caso omiso a sus súplicas. Gente corriendo, andando, todo con un ansia madre como si nunca hubieran comido en su vida y hubiera un plato de lentejas en cada asiento. ¡Y todo esto a 20 minutos antes de empezar la clase! Ya a las 9 se veían todos los asientos cogidos, era increíble… (foto incluida). Ya llegó Ángela y todos nos calmamos un poco, aunque al cabo de una media hora noté algo extraño en el ambiente: mi cuerpo sudaba, el aire cada vez era más denso, las dos finas capas de ropa que llevaba parecían el más caliente de los malditos abrigos que podría haber llevado… ¡Y encima la puta calefacción estaba encendida! En fin…, en el descanso de las 10 tomé una foto desde el mismo ángulo que la que tomé a las 9, dejándose notar toda la acumulación de gente que había. Lo más gracioso fue cuando fui al baño a las 11 y volví a entrar en clase… Fue francamente apocalíptico.

Moraleja: Los miércoles hay que madrugar 3 veces más de lo normal (o en su defecto acampar al lado de la puerta) para coger un sitio, porque si no te quedas fuera, majo. ¡Y no olvides de llevar tus bolsas de hielo para colocártelas detrás de la nuca!